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Trastorno Bipolar “la montaña rusa de la mente”

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El diagnóstico correcto y el tratamiento precoz reducen los daños que causa la enfermedad.

 

 (Foto: Shutterstock)

La característica principal del trastorno bipolar (TB) es la alteración de los sentimientos, los pensamientos, el comportamiento y la percepción en el contexto de períodos de profunda y prolongada depresión, que se alternan con períodos de estados del humor extremamente elevado o irritable, conocido como manía.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el TB está entre las diez principales causas de incapacidad en adultos jóvenes, con un aumento de 20 a 30 veces más chances de morir por suicidio, comparado con la población general según datos de la revista Epidemiol Psychiatry Science, de 2019. Además de ese agravante, el riesgo de muerte por enfermedades cardiovasculares para estos pacientes aumenta, reduciendo la expectativa de vida de nueve a diez años, de acuerdo con Goldberg.

La investigación del World Mental Health Survey Initiative señala que ese trastorno afecta al 2,4% de la población mundial a lo largo de la vida. En general, los síntomas comienzan antes de los 25 años (70% de los casos), pero por más que sea raro, puede suceder después de los 38 años.

Variaciones de la enfermedad

Básicamente existen dos tipos de trastorno bipolar. El tipo 1 se caracteriza por la presencia de por lo menos un episodio maníaco a lo largo de la vida, y de por lo menos un episodio depresivo. Y el tipo 2, que se confirma cuando aparece por lo menos un evento hipomaníaco y uno depresivo a lo largo de la vida. Queriendo ser parte, pero sin lograrlo, aparece el trastorno ciclotímico, que está caracterizado por una oscilación del humor que debe durar por lo menos dos años (o un año, si se trata de un niño o adolescente), y se presenta con varios periodos de síntomas hipomaníacos o depresivos, pero que no logran atender a los criterios de diagnósticos para hablar de depresión o manía.

Según el Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales en su quinta edición (DSM-V), el episodio maníaco puede ser reconocido por tener las siguientes características: un período distinto de humor anormal y persistentemente elevado, expansivo o irritable y aumento anormal y persistente de la actividad o de la energía, que dure por lo menos una semana, pudiendo incluir autoestima aumentada o grandiosidad, reducción de la necesidad del sueño (por ejemplo, estar completamente recuperado durmiendo dos o tres horas), más conversador de lo habitual, fuga de ideas (gran cantidad de ideas fantasiosas) o pensamiento acelerado, distracción aumentada, aumento de actividad (trabajadores incansables, estar participando en fiestas y reuniones sociales incansablemente, aumento de la actividad sexual) o agitación psicomotora (actividades sin propósito), y participación excesiva en actividades con posibilidad de riesgo (compras impulsivas, indiscreciones sexuales o inversiones financieras insensatas).

Un episodio hipomaníaco comparte muchas de las características del episodio maníaco, solo que la intensidad y la duración de ellas no logran completar los criterios de diagnóstico para un cuadro maníaco, sería una “manía más débil”. En el cuadro maníaco puede ser necesario una internación hospitalaria o puede presentar características psicóticas (delirios, alucinaciones, etc.), lo que muestra la gravedad que puede alcanzar el cuadro.

El episodio depresivo debe tener por lo menos cinco de los siguientes síntomas, presentes como mínimo, durante dos semanas: humor deprimido, pérdida del interés o placer, pérdida o aumento significativo de peso sin causa aparente, insomnio o mucho sueño, agitación o retardo psicomotor, fatiga o pérdida de energía, sentimientos de inutilidad o culpa excesiva o inapropiada, dificultades para pensar o concentrarse, pensamientos repetitivos de muerte y hasta ideas o intentos de suicidio.

Factores de riesgo

Esa enfermedad tiene una clara historia familiar genética, con un riesgo diez veces mayor en caso de que haya un familiar de primer grado con la enfermedad. Pero también se conocen muchos factores ambientales asociados al trastorno bipolar, como los traumas precoces (abusos físicos, psicológicos y sexuales, y negligencia), infección materna durante la gestación, uso de cigarrillos durante la gestación, uso de sustancias psicoactivas (drogas ilícitas como cocaína y alcohol).

Es muy frecuente que esté asociado a otras enfermedades mentales tales como trastorno de ansiedad, TDAH (Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad), trastorno de control de los impulsos, trastornos de conducta, trastorno por uso o abuso de sustancias, trastornos alimentarios.

Existen muchas evidencias que sugieren que el curso del trastorno bipolar tiende a ser progresivo, de modo que cuanto mayor sea el número de episodios de humor, mayor es el riesgo de nuevos episodios agudos, con una mayor gravedad de los síntomas, duración más larga y mayor resistencia en la respuesta a los medicamentos utilizados. El paciente se vuelve más refractario. Además, el número de episodios también produce un significativo deterioro cognitivo y empeora la calidad de vida. Ese pronóstico no se presenta en todos los pacientes con TB, pero aun así se entiende como muy importante la identificación de los primeros episodios y la realización precoz y correcta del tratamiento.

Cuando hablamos de tratamiento, encontramos varios medicamentos con efectos muy beneficiosos como los estabilizadores del humor, antipsicóticos, anticonvulsivos y antidepresivos. La lista de los medicamentos es grande, y muchos pacientes se preguntan por qué el psiquiatra recetó un remedio para convulsión siendo que él no tiene nada de eso. Los medicamentos no tienen una sola función farmacológica. De esa forma, muchas veces nos beneficiamos por remedios que son más conocidos por actuar en otras enfermedades, pero que ayudan a estabilizar el humor del paciente que está sufriendo con TB.

La combinación de la terapia psicológica es fundamental una vez que el paciente fue estabilizado farmacológicamente, para enfrentar la enfermedad con herramientas cognitivas y potenciar los resultados. Dentro de los parámetros de tratamiento, evitar el consumo de sustancias psicoactivas como alcohol, cocaína, tabaco, cafeína, entre otras, ayuda en la estabilización del humor.

La actividad física está incluida en las guías de tratamiento, y se recomienda que se haga por lo menos 30 minutos y en la mayor cantidad posible de días por semana, y se sugieren las caminatas, la subida de escaleras, y las actividades recreativas, entre otras, según el investigador Davy Vancampfort.

En el artículo “Nutrición en el tratamiento del trastorno bipolar”, publicado en la Revista Uninter en 2020, Juliane Fernandes Lima vio que la dieta mediterránea tiene un efecto benéfico en los pacientes con ese diagnóstico. Esa es una dieta muy rica en frutas, granos, legumbres y verduras.

Como vencer el prejuicio

Es muy necesaria e importante la psicoeducación (entender de manera clara las características de la enfermedad) de los pacientes y familiares en el transcurso del tratamiento. La correcta comprensión de lo que sucede disminuye la preocupación en las personas más cercanas, disminuye la frustración del paciente en los momentos que siente que no logra enfrentar algunos desafíos, y colabora con el mantenimiento correcto del tratamiento en todas sus esferas. Es muy frecuente que los pacientes con trastorno bipolar abandonen el tratamiento en el momento de la euforia, y busquen el tratamiento en el momento de la depresión, por eso la colaboración familiar se hace importante.

Novaes Gomes publicó en 2021 el estudio “A influência da espiritualidade na terapêutica e prognóstico dos pacientes com transtornos mentais” [La influencia de la espiritualidad en la terapia y pronóstico de los pacientes con trastornos mentales]. Según él, la espiritualidad, si es bien orientada por los profesionales, puede ser de gran beneficio. Pero, en algunos casos graves, cuando aparecen cuadros delirantes místicos, el cuadro puede empeorar. Por eso, el profesional debe ser cuidadoso en la evaluación de cada caso y tener una conducción equilibrada para beneficio del paciente.

Seamos coherentes, empáticos, receptivos y comprensivos a la hora de tratar con personas que sufren con enfermedades mentales. Estamos viviendo un momento de la historia de este planeta y de la humanidad, en que podemos enfermarnos en cualquier parte del cuerpo. El cerebro no está excluido de ese grupo y esto hace que todos seamos el blanco de alguna enfermedad mental en algún momento de nuestra vida. Si actuamos así, estaremos realmente expresando y llevando el amor de Dios a nuestro prójimo. Un enfermo que siente que alguien lo entiende y acepta lo que está pasando es alguien que enfrenta una enfermedad con mucha más esperanza y fuerza.