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La gestión de reputación de la Iglesia y el evangelismo

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La predicación del evangelio a las personas cuenta con una acción intencional de consolidación de la buena reputación. Entienda el por qué

Una buena reputación tiene resultados positivos para las organizaciones o las personas. (Foto: Shutterstock)

El título de este artículo puede sonar extraño para algunos. ¿Cuál es la relación directa entre la gestión de la reputación de una iglesia y lo que se considera evangelismo en el contexto cristiano, especialmente adventista? Vamos a algunas definiciones necesarias.

Podemos decir de forma simplificada que la reputación es lo que se construye, especialmente en el ambiente digital, sobre una organización (empresa, iglesia), o también sobre usted a lo largo de un tiempo. Y esa construcción se da a partir de dos dimensiones. Una de ellas es la percepción de la imagen que los otros tienen acerca de la organización. Y la otra dimensión es lo que la organización dice de sí misma, o sea, su discurso.

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Esos dos puntos, percepción de imagen y discurso de la organización, van de la mano en el concepto de reputación. William Benoit, idealizador de la Teoría de la Reparación de la Imagen, ya enseñaba que la percepción de la imagen es un bien considerado más importante que la realidad.[1] O sea, hablando ahora de iglesias, uno de los criterios para determinar la reputación es la manera como se ve a la iglesia en torno a sus valores, principios y su trabajo comunicacional.

Por otro lado, existe la noción de discurso organizacional. El estudioso Van Riel[2] resalta que las organizaciones, por medio de su trabajo comunicacional, transmiten los mensajes basados en sus creencias, principios y directrices. La comunicación organizacional, por lo tanto, pasa a ser totalmente estratégica para una iglesia. Y ciertamente ejercerá un impacto directo sobre el cumplimiento de la misión de la organización.

Por eso, el especialista Mario Ross afirma que la reputación es un patrimonio que es necesario trabajar de forma permanente.[3] Una iglesia, por ejemplo, tendrá que tratar todo el tiempo con sus dos dimensiones en su consolidación reputacional: percepción de imagen y discurso organizacional.

¿Y el evangelismo? 

La idea del evangelismo, desde el punto de vista de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, es bien clara. En el prefacio del libro El evangelismo, de Elena de White, dice que “el evangelismo, verdadero corazón del cristianismo, es el tema de fundamental importancia para las personas que han sido llamadas a dar a conocer a un mundo condenado el último mensaje de amonestación de Dios”.[4]

Cuando vamos a la misión de la Iglesia Adventista, el texto oficial subraya que la Iglesia Adventista del Séptimo Día existe para “hacer discípulos de Jesucristo que vivan como sus testigos amorosos y proclamen a todas las personas el evangelio eterno de los tres mensajes angélicos en preparación para su pronta venida (Mateo 28:18-20; Hechos 1:8; Apocalipsis 14:6-12)”.[5]

Credibilidad y confiabilidad 

Sin querer profundizar completamente la idea de evangelismo, llamo la atención para dos verbos importantes presentes en las dos declaraciones. En el texto mencionado dentro del libro de Elena White, se resalta la palabra proclamar. Y, en la afirmación de misión, identificamos la expresión hacer discípulos.

Por lo tanto, el evangelismo, para los adventistas del séptimo día, es una acción esencialmente planeada por elementos comunicacionales y reputacionales. El acto de acercarse a las personas a fin de llevarlas al conocimiento sobre la Biblia y Jesucristo, citando la misión adventista, solo podrá ocurrir en un ambiente caracterizado por la confianza. Si usted observa los rankings de reputación de empresas, gobiernos o cualesquiera otras organizaciones, notará que, por detrás de esos índices, existe algo muy evidente: la credibilidad.

Nadie quiere ser parte o asimilar el mensaje de una organización con una reputación cuestionable. Una iglesia necesita mantener una buena reputación porque así fortalece la idea de que lo que ella expresa, defiende y enseña, es coherente, real y tendrá sentido para los públicos con los cuales se relaciona.

En la descripción sobre el perfil de los miembros de la iglesia cristiana primitiva, según el relato de Hechos 2:47, se dice que estas personas iban “alabando a Dios y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos”. Contar con el favor o simpatía de las personas es una expresión totalmente conectada con la credibilidad y la confiabilidad.

Poco tiempo después, en el episodio del nombramiento de los diáconos, la elección de esas personas tuvo en consideración el hecho de que presentaron un buen testimonio (Hechos 6:3). No se eligieron personas al azar. Fueron hombres destacados cuya reputación era compatible con la tarea y la responsabilidad concedidas. De acuerdo con la perspectiva bíblica, especialmente en el período apostólico, la formación de una reputación satisfactoria siempre estuvo asociada a la predicación del evangelio.

Trabajar la reputación, al contrario de lo que algunos tal vez imaginen o idealicen, no consiste en un proceso engañoso de maquillar los datos, conductas y procesos. Desarrollar la reputación de una iglesia es, sobre todo, construir un proceso en el cual las personas (miembros y simpatizantes) logran captar de manera real todo lo que la iglesia es y realiza. De esta forma, se proclama el mensaje y el ímpetu por establecer discípulos tiene sentido.

Evangelismo eficiente a la luz de una buena reputación 

Para concluir hago una lista de, por lo menos, cinco maneras sugerentes sobre cómo una iglesia puede trabajar su reputación para cooperar con el evangelismo eficiente:

  1. Alinee sus valores, principios y creencias con su comunicación a fin de que su discurso no caiga en el vacío y transmita una percepción equivocada de los públicos.
  2. Si el evangelismo es un proceso que involucra a las personas y no se trata solo de un programa institucional corporativo, es esencial que se hagan esfuerzos para que las personas vean que las acciones de la iglesia tienen sentido y se sientan parte de eso.
  3. Las situaciones de crisis, cuando no son tratadas con la debida seriedad, pueden producir perjuicios a la iglesia y afectar directamente los resultados de evangelismo buscados.
  4. Una iglesia siempre debe reconocer que la esencia de su mensaje se origina en Dios y, por lo tanto, sus acciones tienen que estar pautadas completamente por la ética bíblica y cristiana.
  5. Y, sobre todo, el evangelismo es relacionarse con las personas. Por eso, una iglesia no puede restringir su accionar a programas y a una agenda de eventos y proyectos. La predicación bíblica se da en un ambiente de intercambio de relaciones, de total cercanía con los desafíos de los individuos.

Si existe la necesidad de concluir el pensamiento, diría que, sin un buen trabajo de reputación, cualquier iglesia enfrentará dificultades para realizar evangelismo de forma eficaz. Y no estoy hablando simplemente de un aumento en el número de fieles. Me refiero al proceso de desarrollo de discipulado, a la proclamación del evangelio de salvación.

El mensaje bíblico es potente, transformador y convincente, pero el proceso de evangelismo pasa por los seres humanos. Y, en este tipo de relación, un activo de gran valor es la reputación.