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Fidelidad a los principios

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Los cambios que vemos en el mundo no deben alejarnos de los principios bíblicos.

fidelidad a los principios
La fidelidad a Dios implica no solo la fe, sino también a los principios (Foto: Shutterstock)

En una de mis redes sociales, sigo al perfil de una cadena internacional de comunicación. De vez en cuando comparten noticias o tendencias que me hacen preguntarme la razón por la cual las nuevas generaciones están buscando cambiar tradiciones, principios, valores y creencias. Recientemente, unas noticias me llamaron la atención.

Una de ellas es la supuesta nueva tendencia que algunas novias están adoptando, de usar vestido negro. Aunque el negro sea un color bonito y elegante, está claro que la belleza no es el objetivo, sino la gana de romper con la tradición.

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Pero lo que más me llamó la atención fueron los comentarios a esta noticia. Varias personas celebrando la nueva tendencia y asociando el cambio de color del vestido a la falta de pureza sexual de las señoritas al contraer matrimonio. Frases como “qué bien, porque las mujeres ya no llegan más vírgenes al matrimonio”, entre otras que considero degradantes contra nosotras las damas. Otros seguidores del medio asociaban el matrimonio con el velorio, con alusiones de tipo “casarse es cavar la propia tumba”. Y otros agregaban que “la cosa es llevar la contraria a todo” o “que lo pasado aburre”.

Tal vez alguno de ustedes piense: “Son solo comentarios, deben estar bromeando”. Puede ser, pero refleja exactamente lo que vemos hoy en día. La gente está normalizando practicar relaciones sexuales antes y fuera del matrimonio, masturbación, pornografía, además de trivializar el matrimonio, creado por Dios como una de las columnas de su proyecto para la humanidad.

Principios que no cambian

Apreciados lectores, si bien es cierto que cada vez más crecen los movimientos que se oponen a algunas tradiciones y valores, también vemos como el ser humano se degrada por el pecado. Debo decir que no condeno a quienes se unen a estos movimientos, porque no soy juez de nadie, y también entiendo el dolor que les dejó el pasado, pero sí estoy en contra todo que no se encaja dentro de nuestros principios cristianos.

Lo sé, mujeres como yo pueden ser llamadas anticuadas, y no lo tomaría como un insulto, sino como un honor al defender los mandamientos de Dios, que fue capaz de dejar su trono para ser humillado y morir por ti y por mí, para salvarnos del pecado que acabará pronto.

Mi llamado a ti, mujer hermosa, princesa de Dios, es que te mantengas de parte de lo que Dios busca en ti: adoración, respeto por su Palabra y obediencia a sus mandatos. Que los comentarios que te ataquen cada vez que levantes el estandarte de la verdad te recuerden el versículo de Mateo 5:11: “Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros mintiendo. Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros”.

Estamos viviendo tiempos donde somos insultados por defender la Palabra de Dios, humillados, y esos ataques serán cada vez más frecuentes y peores según la Biblia. Sin embargo, lo que vemos hoy en día son pasos de un Dios que se aproxima. Lo que no era creíble hace 10 o 5 años atrás, ahora lo es. No normalices el mal, no normalices el pecado. Defiende a tu Creador, Salvador y Redentor.

Y tú, caballero, respeta y ama a la mujer que Dios te ha dado, como dice Efesios 5:28: “Así mismo el esposo debe amar a su esposa como a su propio cuerpo. El que ama a su esposa se ama a sí mismo”. Respeta a todas las mujeres que te rodean. Trátelas a todas como lo haría Cristo.